
Bonachón, humilde, probo en el obrar, de hondo pensamiento, bullicioso cuando se tercia, nuestro más entrañable júligan ya está, tambor en mano, en Sudáfrica. Es, como dicen, el alma de la Roja. Se imponga tu bravo tambor al soso ulular de la trompeta africana. Que no se diga. Vamos, campéon.