
Mientras su padre, el primero de todos los españoles se recupera poco a poco, -no fumes papá- de una breve estancia -demos gracias al señor, todo quedó en un susto- en el Clìnic barcelonés, SAR en Hamburgo celebrando efusivamente los goles de su aleti. El llamado saber estar borbónico, el decoro monárquico. ¡Vamos hombre!